martes 19 de abril de 2011

Cuando se envejece, cuento corregido, extraído del libro: Los sueños del alfil rojo


CUANDO SE ENVEJECE
Por Eduardo Valdivia Sanz

Animita de Manuel Farfán... haz el milagro, soy tu más fiel devoto, compré velitas carísimas que huelen a sándalo y no como las otras, las corrientes, como las que vende Francisco, el chino de la esquina. Y no me la doy de chismoso, pero muchos de tus creyentes compran velas al por mayor en el mercadillo de Sullana.
No sé tú varón piadoso, pero yo no encuentro gran sacrificio en la viveza de tus creyentes, qué milagro les concederás si hasta el precio del portento lo regatean.
Ay santito bonito, para comprar tus velitas en la tienda de las monjitas Canonesas viajé a Piura, a las dos de la tarde. Y tú ya sabes el calor que hace.
De todas maneras, no pido gran cosa, tú como allegado de Diosito, intercede, defiende mi causa, si escogí esta opción de vida que no me haga sufrir.
Escucha mi plegaria, considera que todos los días voy a misa.
Mamá decía: los señorones de la iglesia siempre tienen razón, así no les entienda nada y prediquen unas enseñanzas de la época de Herodes.
Con todo y eso, no solo voy por ellos, voy por mi mamá, que por cierto debe de estar en el cielo a pesar de los chismes de mis familiares.
Hipócritas, la culpaban por haberme convertido en ñaña. Pobre, le gustaba vestirme como mujercita.
En la cabeza de mi madre yo era la niña que siempre quiso cuidar, aun así, la comprendo. Me gusta ser como soy, no me imagino siendo un machote como Pedro Infante con bigote y vestido de charro y dos pistolones en la cintura. Por eso creo que mi madre debe de estar contigo en el cielo de los pobres.
Seguro que hasta en el paraíso debe de haber clases sociales, muros para los churres que venden productos “golosinarios” y ángeles con espadas de llamas en las manos que hacen de “guachimanes”.
Ay santito, déjame contarte, ahora mismo hay un santo nuevo, si bien, este santo no nos escucha. Pertenece a un grupo religioso muy serio y pof pof. Las noticias de los periódicos afirman que ostentaba el título nobiliario de Marqués, qué horror, me quiero morir.
Seguro pichoncito de bondad en el cielo no te mira por cholito. Sí pues, por eso los pobres nos quedamos con Manuel Farfán, con Juan de Dios del canal vía, con Melchorita y Sarita Colonia. Y no es que traiga chismes pero sabrás que aquel cura Mateo te detesta. No quiere que limpiemos tu gruta.
Este cura cabeza de clavos a quien todo le apesta desea que guardemos devoción por los santos oficiales y si son blancos mejor. Sus complejos racistas llegan a tanto que le tiene pica a Fray Martincito de Porres.
Ay inocente a los ojos del Altísimo, te quiero a ti, así tengas tu grutita fea, con tu cruz medio encorvada de lo mal puesta que está. Sí pues, es bien desengañadita tu cruz pero después de todo la fabricamos con la fe del hombre de la calle.
Ay varón piadoso, aquí empieza mi desventura, nunca tuve deseos de riqueza. Siempre me afané con mi chacrita, con mis libros de novelas y mis muchachos.
Sabes que todos los días voy al campo, desciendo por el malecón en mi moto y siempre que paso por tu gruta me persigno. Luego cruzo el río Chira y me detengo en la margen izquierda, para el lado de Marcavelica.
Siempre me apoyo de la estructura del puente, suspiro y siento la humedad de los veranos. Tengo placeres sencillos, el sol, el campo y mis amores de cocoteros.
A fin de cuentas, alma comprensiva, no hay derecho. Una está viejita, pero necesita pasión y amor. Mi queja es, por qué, mandan pleitos para mi lado del río.
Antes era la reina de la rivera izquierda. Ahora mismo, ha llegado un nuevo merecumbe que no respeta el derecho ganado por sus mayores.
Imagínalo, un advenedizo con rulitos pintados de rubio y con un pantaloncito a la cintura tan ajustado que le dibuja un poto de negra culo de olla.
Confieso que aquel muchacho estaba para comérselo a besos, y yo convertido en un gordinflón de piernas flacas.
Por eso sufro, doy pena. Medio calvo de un lado, vestido como un adefesio y sin nadita de atractivo.
Sí, ya sé, espíritu bondadoso, soy un figurete, pero al fin y al cabo, por mis hábitos sexuales no me voy a ir al infierno. Aunque sabrás que de algún modo el nuevo me ha hecho sentir que las penas del infierno las vivimos también en la Tierra.
A todo esto, reconozco que aquel mocito merece ser una reina, mientras que yo parezco un tamal mal amarrado. Soy de carne y tengo celos. Lo ataqué a manotazos y lo eché de mi lado, no sabe respetar a una de las leyendas del amor de salto y esquina.
Haberse visto, fíjate, llevo quince años de reina de la margen izquierda. Tú sabes, tú conoces que aquel puente naranja es mi dominio. Los pollitos ya no quieren nada conmigo se van con el competidor. Hace veinte días que no ligo nada. Por eso te ruego, te pido, que se vaya.