El poema del día de hoy
UN JARDÍN EN CHICAGO
Por KARL SHAPIRO
En mitad de la ciudad, bajo un cielo oleoso,
yazco en un jardín verde oscuro
que parece sedimento de la imaginación
rodeado a la vuelta por las elegantes espigas de las cercas de hierro
mi rostro se vuelve una luna de soles ausentes.
Un tenue calor golpea mi lectora cara;
las rosas no son rosas en este lugar arenoso
pero el azul gris de las lilas sostiene sus campanillas afuera.
Dura zinnias y feas caléndulas
y una dulce estatua de un niño apoyado.
Un fluir de poesía en el canalón del otro lado del patio
me hace pensar que yo fui un pájaro de la prosa;
por sobre la cabeza, en una pesada nube dorada
cuelgan las gordas almas de los animales
y engañan a mis ojos los brillantes puntos de las mariposas
que se encienden y apagan como distantes señales de neón.
Asumiendo que este jardín continuará existiendo
una anciana dama patrulla las zinnias
( ella lanza miradas como George Washington al atravesar el Delaware)
el portero recorre hasta el hierro del rail,
los amontonamientos ampulosos del trafico están fuera de ahí,
y a través de la calle, en un bar para negros
con espejos de medianoche, el profesional
toma su primer whisky de la tarde.
Por KARL SHAPIRO
En mitad de la ciudad, bajo un cielo oleoso,
yazco en un jardín verde oscuro
que parece sedimento de la imaginación
rodeado a la vuelta por las elegantes espigas de las cercas de hierro
mi rostro se vuelve una luna de soles ausentes.
Un tenue calor golpea mi lectora cara;
las rosas no son rosas en este lugar arenoso
pero el azul gris de las lilas sostiene sus campanillas afuera.
Dura zinnias y feas caléndulas
y una dulce estatua de un niño apoyado.
Un fluir de poesía en el canalón del otro lado del patio
me hace pensar que yo fui un pájaro de la prosa;
por sobre la cabeza, en una pesada nube dorada
cuelgan las gordas almas de los animales
y engañan a mis ojos los brillantes puntos de las mariposas
que se encienden y apagan como distantes señales de neón.
Asumiendo que este jardín continuará existiendo
una anciana dama patrulla las zinnias
( ella lanza miradas como George Washington al atravesar el Delaware)
el portero recorre hasta el hierro del rail,
los amontonamientos ampulosos del trafico están fuera de ahí,
y a través de la calle, en un bar para negros
con espejos de medianoche, el profesional
toma su primer whisky de la tarde.
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